DOMINGO XVII TIEMPO ORDINARIO (C)
“Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él”
Lima, 27 de julio de 2024
Quiero partir del bautismo, ya que a través de él hemos sido consagrados e incorporados a Dios Padre para la eternidad. La manera de estar conectados a este Dios bueno es por medio de la oración, y las lecturas de hoy nos enseñan a orar, Señor enséñanos a orar.
En la primera lectura vemos ese largo diálogo de Dios con Abrahán. Abrahán está intercediendo por su pueblo, podríamos estar hablando de oración de intercesión, nosotros muchas veces nos fiamos de las oraciones de nuestros hermanos, incluso, siempre le pedimos a religiosos o sacerdotes que oren por nosotros, y solemos hacerlo, todos los días, además, de orar por nosotros oramos por los demás, por todo el pueblo de Dios.
Que bonita manera de dialogar Abrahán con Dios, para poder ayudar a su pueblo, y Dios por su amor y por su ternura va actuando de manera pedagógica para salvar a la humanidad, en esta conversación lo que prima es la bondad y el amor de nuestro Padre Dios.
Que bonita manera de dialogar Abrahán con Dios, para poder ayudar a su pueblo, y Dios por su amor y por su ternura va actuando de manera pedagógica para salvar a la humanidad, en esta conversación lo que prima es la bondad y el amor de nuestro Padre Dios.
El Salmo nos enseña que Dios nunca nos abandona, siempre está atento a nuestras suplicas, el salmista nos asegura que cuando invocamos al Señor Él nos escucha, aquí estamos hablando de oración de confianza en el Señor, que nos fiemos de este nuestro Dios, que siempre escucha nuestras suplicas, si el afligido invoca al Señor, Él siempre le escucha, confiemos en esta palabra del salmista y acerquémonos a este nuestro Dios con plena confianza de que siempre nos va a ayudar.
El evangelio, nos hace reflexionar sobre cómo Dios nos va ayudando si vamos insistiendo en nuestra oración, aquí podríamos estar hablando de la fidelidad o perseverancia en la oración.
Muchas veces, queremos resultados inmediatos, pero Dios quiere que seamos fieles a esa comunicación con él, que no busquemos nuestros caprichos y deseos, sino que vivamos confiando en esa bondad de nuestro Dios, porque Él nunca nos va a dar cosas malas, las cosas que nos va a regalar siempre van a ser para nuestro bien. La lectura del evangelio nos enseña esa confianza, esperanza y caridad que debemos tener en nuestra oración, por eso quiero acabar con un texto de nuestro padre san Agustín que nos ayuda a vivir la oración o la relación con Dios en claves de las virtudes teologales:
“Examinemos, pues, estas tres cosas, por si en ellas estuvieren encerradas las otras tres: la fe, la esperanza y la caridad, la mayor de las cuales es la caridad. Considera estas tres cosas: el pan, el pez y el huevo, la mayor de las cuales es el pan. Con razón entendemos que, de estas tres cosas, el pan se corresponde con la caridad. Por eso al pan se opuso la piedra, porque la dureza es contraria a la caridad. En el pez entendemos simbolizaba la fe. Me agrada repetir lo que dijo cierta persona santa: «El pez bueno es la fe piadosa» (…) Queda la esperanza, que, a mi modo de ver, puede compararse con el huevo. La esperanza, en efecto, todavía no ha llegado a su objetivo, y el huevo, aunque es ya algo, no es aún el pollo. Así, pues, los cuadrúpedos paren hijos; las aves, esperanza de hijos. La esperanza, por tanto, nos exhorta a despreciar las cosas presentes y a esperar las futuras, a olvidarnos de lo de atrás” (s. 105, 4-5).





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