DOMINGO V TIEMPO ORDINARIO (A)
“Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo”
Lima, 09 de febrero del 2026
El evangelio de hoy nos presenta dos figuras que seguro son comunes para el tiempo de Jesús y para la cultura semítica, ambas figuras son la sal y la luz, ambas son importantes en la vida de las personas, la sal si no está en la comida no tiene sabor, si la luz no está en la casa, en la comunidad o en la sociedad no se podría andar libremente. Son dos cosas importantes para la vida del ser humano, y Jesús quiere decirnos hoy que nosotros somos sal y luz, es decir, que somos importantes tanto como para nosotros mismos como para Dios.
Pero son dos elementos que si nos ponemos a ver se dan, se donan, hacen su función pero no se perciben; en el caso de la sal, se siente el sabor, se siente lo rico que ha quedado la comida, pero nadie dice nada de la sal, pero cuando se pasa o se pone mucho más cantidad lo notamos, así pasa también con nuestra vida, cuando nosotros nos damos, nos entregamos, nos donamos a los demás en esta sociedad, podemos dar sabor, pero cuando nos sobrepasamos, sobre todo cuando tratamos de sobresalir, la gente no quiere saborear la comida como en la sal, cuando la sal está demás la rechazamos, así nos pasa cuando queremos sobresalir, no damos sabor sino que damos mal sabor a la comida, que nosotros seamos sal, la auténtica sal y también la necesaria, sin pasarnos de cantidad.
En cuanto a la luz, nos hemos dado cuenta también que va generando vida, va generando claridad, sirve para el camino y se va dando también. En el tiempo de Jesús cuando se habla de la luz, esta era una lámpara con aceite que tampoco nadie percibe, se va gastando y gastando, va generando luz y calor, y eso quiere Jesús que seamos cada uno de nosotros, que nos demos, que si la luz se pone debajo del celemín o se esconde debajo de la cama, no tiene sentido la luz que hemos recibido, ya que Jesús nos dice que somos luz, que la podamos dar, ponerla a beneficio de otros, ambos elementos se usan en el bautismo.
Antiguamente se utilizaba la sal, ahora no, ambas figuras nos indican que nosotros hemos recibido una luz, una luz no para guardarla sino para darnos, entregarnos, donarnos a los demás que cuando nosotros nos encerramos en nosotros mismos no somos capaces de alumbrar sino que nos alumbramos a nosotros mismos, mirarnos el ombligo y nos olvidamos de los demás, y Jesús quiere que seamos capaces de darnos a los demás, que demos sabor y vida a los demás, sin sobresalir, nosotros tenemos que menguar y el que tiene que dar, crecer y dar sabor en la vida es Jesús, que es la auténtica luz, que sea el Señor el que sobresalga y nosotros mermemos o disminuyamos como la sal y la luz que se van gastando y se van disminuyendo en la sociedad dando sabor y vida sin enterarse los demás, quien realmente es la persona que permite dar sabor en la vida es Jesús.
Y en la primera lectura, Isaías nos dice cómo seremos luz del mundo: “parte tu pan al hambriento, hospeda al pobre sin techo, viste al desnudo y entonces romperá tu luz como la aurora”. Cuando destierres la opresión, la maledicencia, el gesto amenazador, tu luz se volverá mediodía.
Que el Señor no ayude a renovar y reavivar nuestro bautismo, donde hemos recibido esa luz para que realmente sigamos siendo esa sal y esa luz en el mundo.



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