DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO (A)
La viña no es nuestra, es del Señor
Lima, 03 de octubre de 2026
El Evangelio de este domingo nos presenta una imagen muy conocida: la viña. Un hombre, dueño de la viña, la prepara con cuidado: la rodea con una cerca, cava un lagar, construye una torre y después la entrega a unos labradores para que la trabajen. El dueño se marcha y, cuando llega el tiempo de la cosecha, envía a sus criados para recoger los frutos.
Pero sucede algo inesperado: aquellos labradores
comienzan a comportarse como si fueran los dueños. Golpean a unos criados,
matan a otros y, finalmente, cuando el propietario envía a su propio hijo,
también lo matan. ¿Por qué? Porque han confundido una responsabilidad con una
propiedad. Les fue confiada la viña, pero terminaron creyendo que la viña era
de ellos.
Y aquí está una de las grandes preguntas que nos plantea
hoy la Palabra de Dios: ¿somos administradores de la viña o nos hemos
convertido en sus dueños?
La viña es del Señor. La Iglesia es del Señor. La
comunidad es del Señor. La misión es del Señor. Los hermanos que se nos confían
son del Señor. Incluso los dones que tenemos no son exclusivamente nuestros:
los hemos recibido para ponerlos al servicio de los demás.
Sin embargo, cuántas veces podemos caer en la tentación de adueñarnos de aquello que Dios nos ha confiado. Puede suceder en una parroquia, en una comunidad, en un movimiento, en un grupo, en una institución e incluso en el ejercicio de un ministerio. Comenzamos sirviendo al Señor, pero poco a poco podemos terminar sirviéndonos a nosotros mismos.
Entonces aparecen expresiones como: “mi grupo”, “mi
comunidad”, “mis personas”, “mi parroquia”, “mi proyecto”, “mi manera de hacer
las cosas”. Y cuando todo comienza a girar alrededor de nosotros, dejamos de
ser administradores y empezamos a comportarnos como propietarios.
El problema es que, cuando nos creemos dueños de la viña,
cerramos las puertas. Ya no hay espacio para el que piensa diferente, para el
que llega nuevo, para el que tiene otra sensibilidad, para el que puede aportar
algo distinto. Construimos pequeñas parcelas dentro de la gran viña del Señor.
Formamos grupos cerrados, pequeños ghettos donde siempre están los mismos,
hablan los mismos y deciden los mismos.
Y una viña cerrada no puede dar todo el fruto que Dios
espera de ella.
La primera lectura, tomada del profeta Isaías, utiliza también la imagen de la viña. El Señor ha hecho todo lo necesario para que su viña produzca buenos frutos. La ha cuidado, la ha protegido, la ha preparado con amor. Pero, en lugar de uvas buenas, produce frutos amargos. Dios esperaba justicia y encontró injusticia; esperaba fidelidad y encontró infidelidad.
También nosotros podemos preguntarnos: ¿qué frutos está
produciendo la viña que Dios me ha confiado?
Porque Dios no nos pide simplemente ocupar un lugar
dentro de la Iglesia. Nos pide dar fruto. Y el fruto de una comunidad cristiana
no puede ser solamente mantener estructuras, conservar costumbres o defender
espacios. El fruto que Dios espera es comunión, fraternidad, justicia,
misericordia, servicio, apertura, reconciliación y anuncio del Evangelio.
Por eso, el Evangelio nos presenta una historia que se
repite a lo largo de la historia de la salvación. El dueño de la viña no se
olvida de ella. Envía continuamente mensajeros. Primero fueron los patriarcas,
después los profetas, y finalmente envió a su propio Hijo.
Dios siempre está buscando a su pueblo. Dios siempre está llamando. Dios sigue enviando personas que nos ayudan a volver al camino. Sigue suscitando profetas que nos incomodan, que nos hacen preguntas, que nos invitan a cambiar, que nos recuerdan que la viña no es nuestra.
El drama está en que muchas veces no queremos escuchar
esas voces porque hemos construido nuestra propia manera de entender la fe. Nos
sentimos propietarios y ya no queremos que nadie cuestione nuestra forma de
actuar.
En definitiva, hermanos que hoy podamos comprender que
somos simplemente administradores, no somos dueños de la viña, o de la
parroquia, estamos para servir a los demás y dejar que los demás entre también
a formar parte de la viña del Señor, oremos para que el Señor siga enviando
operario para la viña.

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Gracias ❤️
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