III Domingo del tiempo ordinario (A)
“Domingo de la Palabra de Dios”
“Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”
25 de enero 2026
En este tercer domingo de tiempo ordinario la palabra de Dios se centra en la conversión, la fe en el evangelio y el anuncio de la Buena Noticia de salvación, además este domingo coincide con la conversión de San Pablo, el evangelizador de los gentiles y es el cierre del octavario de la unión de los cristianos.
En la primera lectura y en el evangelio el Señor nos invitaa dejarnos guiar por esa luz, que es la presencia salvadora de nuestro Padre Dios. Y por supuesto nos invitan a convertirnos, a dejar la oscuridad y volver a la luz sin ocaso, Jesús.
Si seguimos en las tinieblas y en sombra de muerte nos invade la tristeza, las desesperanza y la muerte, en cambio si nos dejamos guiar por la luz de Cristo nos invade la alegría, la esperanza y la vida. Así que hoy podemos gritar como en salmista: “El Señor es mi luz y mi salvación”.
A parte de invitarnos a la conversión, la palabra de hoy nos invita al seguimiento de Jesús. Jesús sabe que él no puede solo llevar esta obra, necesita del Padre, del Espíritu y de los discípulos, por eso hoy vemos que va llamando de dos en dos para que le ayuden en esta obra de redención.
Este domingo dedicado a la palabra de Dios, es la oportunidad de hablar del seguimiento y anuncio de la palabra, de la buena noticia de salvación. No solo aquellos hombres que llamó Jesús son los responsables del anuncio, sino que todos somos responsables de este anuncio, todos los bautizado debemos ser una exégesis de la palabra de Dios. La palabra de Dios no es palabra muerta, es palabra de vida, y es la misma persona de Jesús. Esa buena noticia no la podemos callar, sí o sí la tenemos que anunciar a otros hermanos, Jesús ha elegido a un grupo de amigos, no solo para que estuvieran con él, sino para que fueran los continuadores del anuncio de la palabra, por eso les dice: “ Os haré pescadores de hombres”, nosotros tenemos y debemos de anunciar la palabra de Dios y con esto estamos colaborando con Él en su plan de salvar a la humanidad, es decir, el objetivo de los anunciadores o evangelizadores es ayudar a las nuevas generaciones a conocer y a seguir a Jesús.
Para cerrar esta reflexión quiero tomar en cuenta el octavario de la unidad de los cristianos, y San Pablo que hoy celebramos su conversión, nos invita a la unidad y no a la división en esa hermosa carta a los corintios: “Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir”.
Todos los creyentes en Cristo tenemos que seguir apostando por la unidad, la comunión, somos ese cuerpo místico de Cristo. Él es la cabeza, que tengamos un solo sentir, una sola alma y un solo corazón dirigidos a nuestroDios Padre, que nada ni nadie nos separe de este amor de Dios, especialmente nosotros desde el interior de la vida cristiana católica tenemos que seguir apostando por esa comunión haciendo realidad esa eucaristía, que es el cuerpo y sangre de Cristo y decimos vamos a recibir la comunión y si la recibimos y estamos separados del cuerpo que es la iglesia entonces no estamos recibiendo la comunión, sino que estamos haciendo un rito vacío sin sentido.



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