IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (A)
Bienaventurados
Lima 1 de febrero 2026
En estos domingos después del bautismo de Jesús vamos viendo cómo nos va desarrollando el misterio, y hoy escuchamos el texto de las Bienaventuranzas, que viene acompañado de otras dos lecturas con las que une bien a través de los temas de la pobreza y la humildad como vías seguras, aunque sorprendentes, de felicidad presente y futura.Con respeto a la pobreza en realidad nadie quiere ser pobre, la pobreza no es buena ni mala, los religiosos hemos optado por ella, otros han nacido pobres y han muerto pobres. Un ejemplo de ellos es Jesús que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos a cada uno.
Que nosotros seamos felices por ser pobres, al momento que optamos por ella es para vivir desprendidos de todo, y no acumulando cosas de este mundo que nos alejan de Dios.
Referente a la humildad san Agustín dice que para ir por el camino a la santidad, el primer paso es la humildad, el segundo la humildad y el tercero es la humildad, y si seguimos preguntando la respuesta sería la humildad.
Ser manso y humilde es llegar a poner toda la confianza en Dios, es dejarlo todo en manos de Él, el
soberbio pone toda su confianza en sí mismo y no deja actuar a Dios en su vida, en cambio los humildes se fían solo de Dios.
Como dice san Hilario: Hemos, pues, de aspirar a la sencillez, esto es: recordar que somos hombres, hombres a quienes se les ha dado posesión del reino de los cielos, hombres conscientes de que, siendo el resultado de una combinación de gérmenes pobrísimos y deleznables, son procreados en orden a este hombre perfecto y para comportarse —con la ayuda de Dios— según este modelo de sentir, programar, juzgar y actuar.
Realmente, si queremos ser bienaventurados, felices o dichosos, tenemos que optar por la humildad, la sencillez y pobreza. Y eso implica transitar por el auténtico camino. Se trata del camino por el que avanza el propio Maestro, Jesús: la pobreza en todos los sentidos (incluida la humildad), el hambre de justicia y la lucha por la justicia, la paz, la misericordia, la limpieza de corazón… Quienes no opten por su propuesta, ya hacen su elección. No es que Dios los rechace, ellos prefieren otros caminos de felicidad en los que no hay futuro.



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