DOMINGO VI TIEMPO ORDINARIO (A)
“Dichoso el que camina en la voluntad del Señor”
Lima, 15 de febrero del 2026
Desde hace dos domingos estamos leyendo el capítulo cinco del evangelio de San Mateo. Hoy seguimos con este capítulo y terminaremos su lectura el domingo que viene. El comienzo del evangelio de hoy ofrece una buena clave para interpretar todo el sermón. Jesús contrapone dos tipos de justicia: la de los escribas y fariseos y la suya propia, que él califica de “justicia mayor que la de los escribas y fariseos”.
Si queremos relacionar el evangelio de hoy con las lecturas anteriores podemos decir que esa sabiduría que nos habla ambas lecturas, Jesús la encarna, ya que se trata de una sabiduría distinta a la de los sabios de este mundo, no es cuestión de conocimiento intelectual, es cuestión de vivencia existencial, es por eso que nos dice Jesús: “Si no son mejores que los escribas y fariseos, no entraran en el reino de los cielos”
Porque los fariseos y escribas son personas muy apegadas a las leyes y a la religión, pero se olvidan de lo más elemental, el amor, el respeto a la dignidad de la persona, ya que la religión no es una cuestión de medidas. Es una manera de ser, de vivir, de amar.
Jesús no viene a romper con lo que hay, solo viene a darle cumplimento, porque algunas veces pensamos que las normas o leyes de reducen en lo que hay; por ejemplo, no se trata solo de matar físicamente a una persona, porque a algunas las matamos con la mirada de desprecio, o la anulamos ignorándola, siendo indiferente frente a esta persona, otro ejemplo puede ser, cuando odio en mi corazón a mi hermano. Es cuestión de dar vida y buscar siempre el bien del prójimo, aunque muchas veces lo que el otro hace no nos gusta.
En realidad, lo que se trata es de adoptar siempre actitudes positivas e incluso de adelantarse y tomar la iniciativa ante la debilidad o la malicia del prójimo, como queda claro en esta palabra de Jesús: “si cuando vas a presentar tu ofrenda te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, vete primero a reconciliarte con tu hermano”. Aquí no se trata de buscar quien tiene la culpa, lo que se trata de buscar es la reconciliación, aunque la culpa sea del hermano, porque te tiene manía, o es un exigente, o un maniático, o siempre está pensando mal, nosotros tenemos que buscar siempre el bien común, por eso Jesús insiste hoy que no seamos como los escribas y fariseos.
En definitiva, el legalismo sigue presente en nuestras comunidades, hay muchas personas que llevan una regla para medir y calcular a cada uno su mal, pero nos cuesta mirarnos a nosotros mismos y usar la medida del amor, como dice san Agustín la medida del amor es el amar sin medida. El amar así es la verdadera sabiduría de Dios, podemos saber mucho, tener muchos conocimientos, pero si no amamos al hermano de nada me sirve.



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