DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO (A)

 


"Sígueme: atrévete a cargar tu cruz y a caminar con Cristo"

Lima 28 de junio 2026


La Palabra de Dios este domingo nos presenta un tema que puede parecer exigente, pero en realidad es profundamente liberador: seguir a Jesús implica una decisión valiente. El Señor no engaña a nadie. No ofrece un camino fácil, sino un camino que conduce a la verdadera felicidad y a la vida plena.

La primera lectura nos presenta a una mujer admirable, la sunamita.  Ella no hizo grandes discursos de fe; simplemente abrió las puertas de su casa y de su corazón al profeta Eliseo.  Su hospitalidad fue una expresión concreta de amor y de confianza en Dios.  Gracias a esa generosidad, el Señor bendijo su vida de una manera inesperada.

Hoy vivimos en una sociedad donde muchas veces predominan el individualismo y la indiferencia.  Sin embargo, el Evangelio nos recuerda que el cristiano está llamado a ser una persona que acoge, que comparte y que sabe abrir espacio para Dios y para los demás.

Todos estamos llamados a la hospitalidad que comienza en el corazón.  Un corazón cerrado difícilmente puede escuchar la voz de Dios.  En cambio, un corazón disponible puede descubrir que el Señor sigue llamando hoy a hombres y mujeres para servir en el sacerdocio, en la vida consagrada, en el matrimonio cristiano y en el compromiso misionero.

En el Evangelio, Jesús llama a personas concretas a seguirlo. Pero pone una condición que puede parecer dura: "Sígueme".  Y cuando algunos quieren poner excusas, Jesús responde con firmeza porque sabe que el Reino de Dios no puede construirse con decisiones a medias.

Cada uno presenta una razón razonable: despedirse de la familia, esperar otro momento, resolver asuntos pendientes. Sin embargo, Jesús revela una verdad profunda: cuando Dios llama, no podemos vivir siempre posponiendo la respuesta.

Muchos jóvenes hoy sienten en su corazón inquietudes profundas.  Quieren darle sentido a su vida, sueñan con cambiar el mundo, desean amar de verdad, pero también sienten miedo: miedo al compromiso, miedo a dejar seguridades, miedo a renunciar a ciertos proyectos personales.

Jesús no les pide que abandonen la alegría de vivir; les propone algo mucho más grande: entregar la vida por amor.

Tomar la cruz no significa buscar el sufrimiento. Significa cargar con responsabilidad la propia misión, permanecer fiel cuando aparecen las dificultades, defender la verdad, aunque cueste, vivir la honestidad en medio de la corrupción, perdonar cuando es difícil, mantenerse limpio en una cultura que muchas veces ofrece caminos fáciles pero vacíos.

El encuentro con Cristo comienza cuando tenemos el valor de escuchar nuestro corazón y descubrir allí la voz de Dios.

Como familia cristiana sabemos que nadie sigue a Jesús solo. Caminamos en comunidad, compartimos la fe, sostenemos nuestras luchas y crecemos juntos. San Agustín soñaba con comunidades donde todos tuvieran un solo corazón y una sola alma orientados hacia Dios.  Esa es también la misión de nuestras parroquias, colegios y grupos juveniles: ser lugares donde los jóvenes puedan encontrar amigos que los acerquen a Cristo.

El Papa León XIV ha insistido desde el inicio de su pontificado en que la Iglesia necesita jóvenes que no sean simples espectadores, sino discípulos y misioneros, capaces de construir comunidades donde se viva la fraternidad, la esperanza y el servicio. La Iglesia no espera de ustedes un futuro lejano; los necesita ahora, con su creatividad, su generosidad y su valentía para anunciar el Evangelio.

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Comentario del evangelio por san Ambrosio

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (A)

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA (CICLO A)