SOLEMNIDAD DE SANTA RITA DE CASIA

Santa Rita, abogado de casos imposibles 



Hoy la Iglesia celebra a Santa Rita de Casia: una mujer sencilla, esposa, madre, viuda y religiosa, marcada también por el sufrimiento, la violencia y las heridas familiares. Y, sin embargo, precisamente en medio de todo eso, Dios hizo florecer la santidad.

Podemos contemplar la vida de Santa Rita desde cinco palabras que comienzan con la letra “P”: pacificadora, paciente, perseverante, perdonadora y prudente.

1. Santa Rita, la mujer pacificadora

Santa Rita vivió en una época de venganzas familiares, divisiones y violencia. Incluso dentro de su propio hogar tuvo que enfrentar el carácter agresivo de su esposo; pero ella no respondió con odio ni con más violencia, sino que eligió el camino del Evangelio: sembrar paz. Jesús dice: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9).

Santa Rita entendió que la paz no es la ausencia de problemas, sino la presencia de Dios en medio de ellos. Ella fue puente donde otros levantaban muros. ¡Cuánto necesita hoy nuestro mundo personas pacificadoras en la familia, en la comunidad y en la Iglesia! Desafortunadamente, hoy vemos hogares donde ya no se dialoga, comunidades divididas por chismes y personas que guardan resentimientos durante años. Santa Rita nos recuerda que el cristiano no puede alimentar guerras pequeñas en el corazón mientras reza grandes oraciones en la iglesia.

San Agustín decía: “La paz es la tranquilidad del orden”(La ciudad de Dios, XIX, 13). La verdadera paz comienza, por tanto, cuando dejamos que Dios ordene nuestro corazón.

2. Santa Rita, la mujer paciente

La paciencia fue una de las grandes virtudes de Santa Rita. Tuvo paciencia con su esposo, paciencia con las dificultades y paciencia ante el dolor de perder a sus seres queridos.

Vivimos en una cultura de la inmediatez: todo rápido, todo instantáneo. Pero el Evangelio tiene otro ritmo: el ritmo de la semilla que crece lentamente. La paciencia cristiana no es una resignación pasiva; es fortaleza interior. Es saber esperar sin perder la fe.

Santa Rita sufrió mucho, pero no permitió que el sufrimiento la endureciera. Hay dolores que vuelven amarga a la gente; en ella, por el contrario, el dolor la volvió más humana y cercana a Dios.

3. Santa Rita, la mujer perseverante


Rita tuvo un gran deseo: consagrarse a Dios. Pero la vida la llevó primero al matrimonio y luego a la viudez. Además, cuando quiso entrar al convento, le cerraron las puertas varias veces.

Cualquiera habría renunciado, pero Rita no lo hizo: ella perseveró con paciencia en la oración, en su vocación y en la esperanza. ¡Cuánto necesitamos esa perseverancia hoy! Vivimos en una época donde muchos comienzan con gran entusiasmo, pero abandonan muy pronto sus matrimonios, compromisos, proyectos y vida espiritual.

La santidad no consiste en no caer nunca, sino en levantarse siempre. Santa Rita no fue santa porque tuvo una vida fácil, sino porque nunca dejó de caminar hacia Dios.

Por eso, también nosotros debemos perseverar: perseverar en la oración, aunque sintamos sequedad; perseverar en el amor, aunque no siempre recibamos respuesta; y perseverar en la fe, aunque el mundo piense distinto.

4. Santa Rita, la mujer del perdón

Quizá aquí encontramos el aspecto más impresionante de su vida. Después del asesinato de su esposo, Santa Rita no buscó venganza. Más aún, pidió a Dios que sus hijos no crecieran consumidos por el odio.

Perdonar no significa justificar el mal; significa romper la cadena del odio. El perdón es una de las exigencias más difíciles del Evangelio. A veces cargamos heridas antiguas —palabras que nos dijeron, traiciones, injusticias, abandonos— y, casi sin darnos cuenta, permitimos que el resentimiento se instale en el corazón.

Santa Rita aprendió del Crucificado que el perdón libera más al que lo otorga que al que lo recibe.

¿A quién necesito perdonar hoy? ¿De qué resentimiento debo liberarme?

5. Santa Rita, la mujer prudente

La prudencia no es miedo ni cobardía. La prudencia es la sabiduría para actuar según Dios.

Santa Rita supo discernir porque no actuaba impulsivamente. Antes de hablar, oraba; antes de decidir, escuchaba a Dios.

Hoy vivimos tiempos de reacciones rápidas, juicios inmediatos y palabras hirientes. Cuántos problemas nacen precisamente porque hablamos sin pensar, actuamos sin discernir o decidimos sin oración.


La prudencia cristiana nos ayuda a preguntarnos: ¿
esto que voy a decir construye o destruye? ¿Esto que voy a hacer me acerca a Dios? ¿Estoy actuando desde el amor o desde el orgullo? Santa Rita nos enseña que una vida guiada por Dios no es impulsiva, sino sabia.

Queridos hermanos, Santa Rita no fue famosa por grandes discursos ni por poseer poder humano. Fue grande porque dejó que Dios transformara sus heridas en santidad.

Hoy le pedimos que nos enseñe a ser pacificadores en un mundo dividido, pacientes en medio de las pruebas, perseverantes en la fe, capaces de perdonar de corazón y prudentes para vivir según el Evangelio. Amén.

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