V DOMINGO DE PASCUA (Ciclo A)
“No se turbe su corazón: Cristo, camino, verdad y vida”
En este quinto domingo de pascua, Jesús nos regala una palabra que toca lo más profundo de nuestra vida: “No se turbe su corazón; crean en Dios y crean también en mí.”No es una frase bonita sin más. Es una respuesta a una experiencia muy humana: el miedo, la incertidumbre, la angustia. También nosotros sabemos lo que es tener el corazón inquieto: por la familia, por el trabajo, por la salud, por el futuro. Jesús no niega esas realidades. Pero nos pide algo decisivo: confiar. Y esa confianza no es ciega, porque Él mismo nos da una promesa: “Voy a prepararles un lugar.” Nuestra vida tiene un destino, no caminamos hacia el vacío, sino hacia la casa del Padre.
Pero la Palabra de hoy va más allá: nos enseña cómo vivir esa fe en lo concreto.
Si queremos vivir en este caminar confiando y esperanzado en Dios, en los Hechos de los Apóstoles vemos una comunidad que, aun llena del Espíritu, tiene problemas reales: quejas, desigualdades, tensiones. Y, sin embargo, no se paralizan. Disciernen, organizan el servicio, crean nuevos ministerios. La fe no los aleja de la realidad: los compromete más.
Las primeras comunidades nos enseñan a creer en Cristo, ya que es una comunidad que se organiza para servir mejor. No basta rezar; hay que responder a las necesidades concretas, especialmente de los más frágiles.
Además, la segunda lectura nos recuerda que somos “piedras vivas”. No somos espectadores en la Iglesia. Cada uno tiene un lugar, una misión. No se puede ser cristiano “desde fuera” o de manera pasiva. Por eso, la pregunta de Tomás también es nuestra: “¿Cómo sabemos el camino?” Y Jesús responde: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.”
Nuestro padre san Agustín a la hora de interpretar este pasaje del evangelio decía que Cristo es el camino por donde vamos, la verdad a la que llegamos y la vida en la que permanecemos. Es decir, no hay un cristianismo sin seguimiento concreto de Jesús. La pregunta clara ahora es cómo estamos haciendo este seguimiento.
Si Jesús es el camino, nuestras decisiones deben parecerse a las suyas: optar por el bien, por la justicia, por el amor, incluso cuando cuesta.
Si Jesús es la verdad, debemos vivir con coherencia, evitando una fe solo de palabras o de apariencia.
Si Jesús es la vida, debemos ser generadores de vida para otros, especialmente para quienes están desanimados, solos o necesitados.
Quiero acabar estar reflexión con las palabras del Papa Francisco que insiste mucho en esto: la Iglesia no puede ser autorreferencial, encerrada en sí misma, sino una Iglesia que sale, que toca las heridas, que sirve. Y eso empieza en lo pequeño: en la familia, en el barrio, en la parroquia. Entonces, la pregunta pastoral para nosotros hoy es directa: ¿En qué se nota, en mi vida concreta, que creo en Cristo? ¿Participo activamente en mi comunidad o solo “asisto”? ¿Me comprometo en algún servicio? ¿Soy constructor de unidad o generador de quejas? ¿A quién estoy ayudando hoy con mi fe?
Hermanos, Jesús nos dice: “No se turbe su corazón.”Pero esa paz no es pasividad. Es una paz que nos impulsa a caminar, a construir, a servir. Que en esta Eucaristía renovemos nuestra fe en Cristo, camino, verdad y vida. Y que, en medio de nuestras preocupaciones, podamos escuchar su voz que nos dice: no tengan miedo, confíen, yo estoy con ustedes y los conduzco al Padre.


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