DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO (A)

 


“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”.

Lima 05/07/26.

La Palabra de Dios de este domingo nos invita a contemplar tres grandes aspectos: una alegría que nace de la esperanza, una vida guiada por el Espíritu y una invitación a descansar en Cristo.

En la primera lectura, el profeta Zacarías exhorta al pueblo a alegrarse porque llega su Rey. Sin embargo, no se trata de un rey poderoso según los criterios del mundo. No viene montado en un caballo de guerra ni rodeado de ejércitos. Llega humilde, montado en un asno, trayendo justicia, paz y esperanza.

Así es Dios. Muchas veces esperamos que actúe con manifestaciones extraordinarias, pero Él suele hacerse presente en la sencillez de cada día, en las personas humildes, en los pequeños gestos de amor y en los acontecimientos cotidianos. Cuando aprendemos a descubrirlo en esa sencillez, recuperamos la verdadera alegría y experimentamos la paz que solo Él puede ofrecer.

San Pablo, por su parte, nos recuerda que el cristiano está llamado a vivir según el Espíritu y no según la carne. Vivir según la carne significa dejarse dominar por el egoísmo, el pecado y todo aquello que nos aleja de Dios. En cambio, vivir según el Espíritu es dejarnos conducir por la gracia, permitiendo que el Señor transforme nuestro corazón.

Por eso resuenan con fuerza aquellas palabras dirigidas a los corintios: “Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”. La verdadera libertad no consiste en hacer lo que uno quiere, sino en tener un corazón capaz de amar, servir y hacer el bien. Solo el Espíritu Santo puede liberarnos de nuestras esclavitudes interiores y conducirnos hacia una vida plena.


Hoy Jesús en evangelio se dirige al Padre y se dirige a nosotros: cuando se dirige a su Padre es con una hermosa oración de acción de gracias, porque ha querido revelar los misterios del Reino a los pequeños y sencillos, la segunda nos anima a cada uno de nosotros que vayamos a Él si estamos cansados y agobiados, hoy la sociedad se encuentra así cansada y agobiada o como dicen los psicólogos deprimida, estás palabras en labios de Jesús nos tienen que consolar, porque él va con nosotros, él nos ayuda a cargar el yugo, es decir, el peso de nuestra, lo pesado que puede estar nuestro día a día, por eso nos invita acercarnos a Él, que con Él lo podemos todo y sin Él nada. Cuando dejamos que Cristo lleve nuestra carga, el camino se vuelve más llevadero porque Él sostiene nuestras fuerzas y renueva nuestra esperanza.

No quiero acabar esta reflexión sin hacer mención del pueblo venezolano que hoy sufre por causa de unos terremotos, en medio del dolor, la incertidumbre y las pérdidas que hoy vive el pueblo venezolano, las palabras de Jesús resuenan con una fuerza especial: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré».

 

El Señor no promete una vida sin dificultades, pero sí asegura su presencia fiel en medio de ellas. Él se acerca a los pequeños, a los que lloran, a quienes han perdido tanto y, sin embargo, siguen levantándose cada día con esperanza. Allí donde el mundo solo ve ruinas, Dios sigue sembrando vida nueva.


Hoy queremos unirnos en oración por todos nuestros hermanos venezolanos, especialmente por quienes han sido afectados por esta difícil situación. Que no pierdan la confianza en el Señor, porque Él camina con su pueblo, sostiene a los que desfallecen y fortalece a quienes siguen luchando con fe.

 

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