Natividad del Señor (A)

Jesús no busca un lugar perfecto, sino un corazón abierto

Hoy es Navidad y vivimos en una sociedad envuelta en tinieblas, por las  injusticias, guerras, hambre, corrupción, explotación y muchas cosas que oscurecen nuestra vida, por eso la Navidad no es encender las luces o cantar villancicos, sino que tenemos que preparar un corazón bien dispuesto a recibir a Jesús: esa luz, esa esperanza, esa paz, ese amor, esa ternura, para que realmente nuestro mundo pueda cambiar. 

Escuchamos al profeta que nos dice que un pueblo camina en tiniebla, pero vió una gran luz, es la que le da la esperanza de seguir creyendo y viviendo.  Que nosotros también dispongamos nuestro corazón y nuestras ciudades para que pueda entrar sutilmente Cristo en el corazón de cada uno nosotros y poder hacer brillar esa luz en toda la humanidad, que no nos dejemos robar esta esperanza, que sigamos creyendo y amando en el Señor, esperando ese gran acontecimiento de la luz perfecta, la luz sin ocaso que es Cristo, el Mesias, El Salvador. 

Jesús quiere nacer en nuestro corazón, tal vez estamos cansados, agobiados y desesperados y por eso no dejamos un resquicio para que Él penetre y cambie nuestra vida y  nuestra sociedad, dejemos  que entre y todo cambiará.

 El evangelio de esta noche nos muestra cómo nace Jesús: no nace en Palacio, sino en un establo, no nace rodeado de gente importante, sino de pastores, gente humilde y sencilla, no nace en una gran ciudad, sino que nace en las periferias, así sutilmente y sorprendente nace nuestro Dios, es decir  se humaniza. 

Ahí está la gran sorpresa de Dios, el Altísimo escoge lo pequeño, lo que el mundo no mira, lo que el mundo margina e incluso desprecia. La gloria de Dios resplandece precisamente en el momento más inesperado y en el lugar menos probable.

La sociedad nos empuja a lo deslumbrante a lo grandioso a lo poderoso, a lo pomposo de la vida, pero nuestro Dios nos invita a la sencillez a la humildad a lo marginal, abrir el corazón a Dios  para que pueda nacer, lo único que  necesita es que nos desprendamos y vivamos desde esa sencillez y simplicidad como nos enseña San Pablo.

En definitiva, la manera de encarnarse Dios en medio de nosotros para los poderosos y para el mundo es un escándalo, pero para los humildes y sencillos es esperanza y salvación.   Lo decisivo en la fe comienza en lo pequeño, en el silencio de la noche. Así van dando fruto las obras de Dios.

Por eso esta noche pedimos vivir la Navidad, no con bombos, platillos, cohetes, sino que queremos vivir ese memorial sacramental para que Jesús encuentre un lugar de reposo en nuestro interior, que su luz toque nuestras sombras, que su amor pacifique nuestras diferencias y que su presencia ordene nuestra vida con la paz del cielo. Pidamos, entonces, que esta Nochebuena nos encuentre vigilantes, agradecidos y disponibles para acoger al Señor que viene.

Comentarios

  1. Sí, Niño Dios quédate conmigo para crecer juntos y me enseñes a ser vigilante, agradecida y disponible al servicio de tú amor.

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