DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO (A)
«Amar es cumplir la ley entera»
25 octubre 2026
En estos últimos domingos hemos venido reflexionando sobre esas ganas o ese deseo que Dios tiene de salvarnos, hoy podriamos decir que nos está dando la clave para alcanzar esa salvación.
En la primera lectura, Dios nos recuerda, no solo al
pueblo de Israel, sino también a nosotros, que somos el pueblo de su propiedad
y que somos extranjeros en este mundo. Este mundo no nos pertenece; somos del
mundo, mas no somos de este mundo. Esto
quiere decir que nosotros también somos extranjeros. Por eso, Dios nos recuerda
que debemos tratarnos como hermanos, como hijos suyos que somos. Si queremos reconocer a Dios como nuestro
Padre, debemos comenzar a ver a los demás como hermanos.
En el Evangelio, el Señor nos destaca el mandamiento principal, en el que se sostienen la ley y los profetas. Nuestra ley se sostiene en el amor: un amor a Dios que comienza por nosotros mismos. Primero tenemos que amarnos a nosotros mismos, luego a los demás y, finalmente, a Dios. El Señor quiere que hoy y siempre hagamos una historia de amor con Él. Para eso hemos sido creados: para conocer el amor de Dios. Como dice el Antiguo Testamento: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas». Pero, para lograr ese amor, hay que construir esa historia de amor con Dios.
Hoy más que nunca nos hace falta mirarnos a nosotros
mismos para ver cómo estamos en nuestra relación con el amor de Dios. El amor comienza por casa: debemos aceptarnos
a nosotros mismos tal como somos y estamos. Eso nos ayuda a amar a los demás como son. Si somos capaces de aceptarnos y amarnos como
somos, también vamos a aceptar y amar a los demás como son. Porque, así como Dios ha tenido misericordia
de mí y me ama, así también debemos amar a los demás. Ojalá que no nos encerremos en nosotros
mismos, sino que miremos más allá de nuestro ombligo, porque en ocasiones somos
nosotros quienes ponemos un cerco en nuestra vida y establecemos límites al
amor.
Siempre hemos escuchado, e incluso lo cantamos, que Dios
es amor. Si realmente lo creemos,
debemos tener el amor como nuestra ley principal. El mismo san Pablo nos dice que amar es
cumplir la ley entera. Además, nuestra
vida como creyentes, como hijos de Dios, no consiste solamente en ser buenos,
sino que adquiere sentido cuando somos capaces de creer, amar y esperar en ese
Dios que nos ama y nos invita a amar a nuestros hermanos. Porque, si digo que amo a Dios y no amo a mis
hermanos, soy un mentiroso.
Hermanos, que, en este día, en el que el Señor nos invita a avivar el amor a Él y al prójimo, seamos capaces de disponernos a amar a nuestros hermanos y de vernos como lo que somos: hermanos. Todos somos hermanos, pero la realidad que muestra el mundo es que vivimos con grandes diferencias que nos separan y generan, más bien, odio y división entre nosotros. Esto nos desanima a seguir apostando por el amor y por nuestro estilo de vida cristiana. No nos desanimemos: Dios sigue apostando por nosotros. Los seguidores de Jesús no nos podemos echar atrás; tenemos que seguir siendo fieles a nuestro bautismo y responsables de nuestro compromiso bautismal.
El mundo necesita testigos vivos que ayudemos a las
nuevas generaciones a creer en el amor. Si
no hay un futuro esperanzador para la humanidad, se termina perdiendo la fe en
el amor.
.webp)

.webp)
Comentarios
Publicar un comentario