DOMINGO CUARESMA (A)
“Levantaos, no tengáis miedo”
Lima 01 de marzo de 2026
Seguimos avanzado en este itinerario cuaresmal camino a la pascua. En este segundo domingo, Jesús en su evangelio, con la experiencia que ha tenido con los discípulos en el Tabor, nos muestra la cumbre al llegar de este largo caminar.
Me gustaría destacar solo dos detalles, aunque hay más; uno es el monte y el otro es ponernos en marcha.
Con referencia al monte, éste nos remite a una experiencia de Dios, porque es un lugar privilegiado para su manifestación, es un lugar para un auténtico encuentro con el verdadero Dios, es el sitio ideal para descubrir la voluntad de Dios, para conectarse consigo mismo y desapropiarse de muchas cosas que nos esclavizan en la vida.
En el caso de Jesús sube con algunos de sus discípulos al monte Tabor para tener esa experiencia de Dios Padre, es ahí donde Jesús descubre la voluntad del Padre, que tiene que subir a Jerusalén a dar la vida en rescate de todos los hombres; es una experiencia tan maravillosa que Pedro desea quedarse.
No quiere volver a lo cotidiano de la vida, sino que se quiere quedar ahí, porque dicho encuentro le da seguridad, pero Jesús le dice que tienen que bajar del monte y vivir la realidad de la vida, esto es solo un preámbulo de lo que se va a vivir después.
Les ha dado una noción de lo que será la vida plena con Dios, pero primero tendrán que pasar por la experiencia de otro monte, el calvario, para que puedan llegar hasta el monte santo.
En cuanto a ponerse en marcha, quiero destacar:
En primer lugar, está Abrahán, cómo se pone en marcha al lugar que Dios le prometió, “ponte en camino, sal de tu tierra,” esto indica salir de nuestra zona de confort, salir a conocer nuevas tierras, y eso nos produce incertidumbre, porque es ir a lo desconocido, y el camino cuaresmal que estamos viviendo es eso, en ponerse en marcha hacía la cumbre, hacia el monte para ir descubriendo la gloria de Dios Padre.
Cuando nos quedamos instalados y no nos ponemos en marcha, nuestra vida va perdiendo sentido, porque nos agrada estar lo más cómodos, Abrahán y Jesús se pusieron en camino, dejándose llevar por esa voz del Padre que los va conduciendo y acompañando. Esa voz de Dios Padre es como nuestro GPS, que nos orienta a la tierra prometida, y si nos desviamos, esa misma voz nos llevará al destino final, por eso debemos estar atentos a esa voz del Padre, este es mi Hijo, que es el camino, escúchenle para que no se desvíen y puedan llegar aquí a la montaña de la alegría y felicidad.
Con todo esto, ¿qué nos toca a nosotros hoy? Para mí, que nosotros mismos tenemos que provocar esa experiencia de Dios, buscando ese espacio y tiempo de soledad para que podamos tener esa manifestación de Dios en nuestra vida, que descubramos realmente la voluntad de Dios Padre y nos dejemos guiar por esa voz, y sobre todo para que podamos dar con el auténtico camino. Algunas veces nos caemos y nos enredamos, fácilmente nos apropiamos de las cosas y las personas, y no somos capaces de dejarlas a un lado.
Hermanos, no olvidemos en estos días que la Cuaresma es tiempo para reavivar el don recibido, para pedir fortaleza, para perseverar en la fe cuando no vemos resultados. La luz de Cristo no elimina la cruz, pero la llena de sentido.

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