DOMINGO IV DEL TIEMPO CUARESMA (A)

  


“Caminemos como hijos de la Luz”.

Lima 15 de marzo de 2026

El cuarto domingo de Cuaresma es el Domingo Laetare, también conocido como el Domingo de la Alegría, por las primeras palabras de la antífona de entrada de la Misa: «Laetare, Jerusalem» («Alégrate, Jerusalén»).

Podríamos decir que hoy todas las lecturas se destacan por lo fundamental para nosotros los creyentes, ya que vemos implícitamente varios gestos o signos del bautismo: en la primera lectura, hay una unción, a David como rey, san Pablo nos destaca que somos hijos de la luz, y en el evangelio, Jesús unta con saliva al ciego y lo cura, le da la luz.

Con las lecturas de hoy tenemos la oportunidad de avivar nuestra fe que hemos recibido de Dios, gracias a nuestros padres y padrinos que nos llevaron a formar parte de esa gran familia de los hijos de Dios, porque somos de Dios, somos su pueblo elegido, Él nos ha ungido a todos como ungieron a David, Él nos ha sumergido en el agua, como sumergió a este hombre ciego de nacimiento.  Todos estos gestos de Dios son para que seamos criaturas nuevas, para que dejemos de actuar como si fuéramos hijos de las tinieblas y no hijos de la luz.

El tiempo de cuaresma es un tiempo favorable, es un tiempo de salvación, así como dice san Pablo en otra de sus cartas: “y hagan todo esto, conociendo el tiempo, que ya es hora de despertarse del sueño.  Porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando creímos. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades propias de las tinieblas y pertrechémonos para actuar en la luz”.

Queridos hermanos, por el bautismo somos hijos de la luz, cuando nos  bautizaron nos han proporcionado esa luz de Cristo que proviene del cirio pascual y se le encargaron a nuestros padres y padrinos, que son los primeros responsables, para que caminemos como hijos de la luz, que no caminemos en tinieblas, sabemos que, cuando estamos en tinieblas andamos ciegos y no podemos ver como el ciego de nacimiento del evangelio, pero no solamente que no podemos ver, sino que a la hora de actuar actuamos como hijos de las tinieblas, y ya sabemos las consecuencias cuando actuamos así, hay más problemas que soluciones.

En cambio, cuando nos tomamos en serio nuestro bautismo daremos frutos de bondad, de justicia, verdad y muchos más. San Pablo nos los recuerda hoy: “Caminad como hijos de la luz (toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz), buscando lo que agrada al Señor…” Los primeros cristianos tenían muy claro que, en medio de las dificultades tenían que ser hijos de la luz, se tomaron muy en serio su condición de cristianos, sabían que era un estilo de vida difícil de seguir, por las diversas persecuciones. Tenemos que volver a los orígenes, el mundo te pide creyentes de verdad, atentos a la vida y sensibles a los problemas de los que más sufren, necesitamos vivir de manera más humana y creyente, que el Señor nos dé una nueva vista, para ver el mundo con sus ojos y no con los nuestros.

Hoy tenemos un gran reto para poner por obra nuestro bautismo, frente a la situación del mundo, muchas guerras, mucha violencia, la vida parece que no vale nada, mucha corrupción.  A esta situación alarmante, la tentación es pensar solo en mí y no pensar en los demás.

Que vivamos este domingo como se caracteriza, con alegría por ser hijos de Dios por medio del bautismo, un cristiano triste es un triste cristiano, así que debemos vivir con gozo y alegría nuestra condición de cristianos.

 

 


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