DOMINGO III DEL TIEMPO CUARESMA (A)
“Dame de beber”.
Lima 8 de marzo de
La Cuaresma normalmente la relacionamos con el desierto, soledad, sequedad. Sin embargo, las lecturas de este domingo nos muestran cómo este tiempo de preparación para la Pascua, también nos habla de manantiales, fuentes de agua.En la primera lectura vemos a un pueblo sediento de agua y acuden a su líder Moisés para que le sacien la sed, y además le reprochan porque los ha sacado de aquel lugar, de la zona de confort, de lo ya conocido y lo traen a un lugar que hace que tenga sed y hambre.
Todos sabemos que el agua es un recurso muy importante para la vida, el agua, en Israel, era y es un tesoro, porque es una pequeña región rodeada de desierto. Un poco de agua es como un milagro y toda sequía es como un castigo y una tentación. Al pueblo, en el desierto, no les compensa su libertad frente a los faraones; no quieren morir en el desierto, aunque podían haber muerto esclavos y explotados cerca de las pirámides de Egipto.
Moisés acude a Dios y le pide que ayude a su pueblo, y Dios le dice a Moisés que acuda a aquel lugar donde hay una fuente de agua, que lo haga para que el Pueblo confíe en su Dios y no en sí mismo.
Por eso san Pablo hoy nos invita a confiar en Dios, que esperamos en Dios: Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. La gran tentación de la humanidad es no esperar, es que las cosas salgan lo más rápido posible y como yo quiero, pero los planes de Dios son otros, por eso no podemos perder la esperanza y siempre confiemos en ese Dios providente que siempre nos va a saciar de esa sed, no solo de agua, sino de su amor; ya que estamos todos sedientos de su amor, porque Él siempre tiene la iniciativa, siempre es Dios que sale a nuestro encuentro y llena nuestras necesidades, tanto humanas como espirituales.
Un ejemplo claro de tener esa sed de amor es la samaritana del evangelio de hoy, una mujer que ha tenido cinco, otros dicen que seis maridos y ninguno de ellos le ha calmado esa sed de amor, en cambio, cuando se encuentra con el Profeta, con Jesús, ella descubre que este hombre le ofrece un agua viva y que, si llega a tomar de esa agua ya no tendrá más sed.
La samaritana es capaz de dejar a un lado el cántaro y salir llena de ese amor de Dios que no le va a permitir tener más sed de amor, ya no necesitará buscar otros amores, le basta el ya descubierto que es Jesús, el amor de los amores. Ojalá que nosotros seamos capaces de dejar nuestros cantaros que lo que hacen es acumular amores pasajeros y no el amor verdad, que es el amor de Dios.
Todos sabemos que cuando andamos en busca de esos amores que no satisfacen, llega un momento en que entramos en esa aridez, sequedad, en otra palabra en esa insatisfacción, es el momento de la entrada de Dios en nuestra vida, es donde Él mismo toma la iniciativa para que nosotros nos llenemos de su espíritu y de su amor y comencemos una nueva vida con el amor verdadero que acabamos de descubrir.

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