DOMINGO DE RAMOS (A)
"Se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de Cruz"
Lima 29 de marzo de 2026
Cuando narramos la pasión, muchas veces queremos fijarnos en las personas que aparecen, mayormente son los personajes principales y centrales de la narración, el día de hoy me quiero centrar en dos personajes que pasan a un segundo plano, que parecieran que no fueran tan importantes, pero son personas que nos muestran esa fidelidad al Señor.
Una de esas figuras es José de Arimatea, era un discípulo de Jesús, pero no de los íntimos, pero sin embargo es el que va a buscar el cuerpo del Señor, para darle santa sepultura, un entierro digno. José es un verdadero discípulo, uno que no desertó. Cede a Jesús su propio sepulcro, es decir, algo de lo más importante que una persona puede poseer, según la sensibilidad antigua.
Las otras figuras son las mujeres: María la Magdalena y la otra María, ambas también se han quedado allí sentadas enfrente del sepulcro, dos personas que tampoco eran de los más íntimo de los discípulos, pero estuvieron ahí hasta la sepultura acompañando al Señor. ¿Dónde están los discípulos más cercanos? ¿dónde están aquellos que dijeron que lo iban acompañar hasta el final? Brillan por su ausencia.
Creo que así nos puede estar pasando en la Iglesia o en la comunidad parroquial, hay algunos muy íntimos del Señor, pero a la hora de acompañarle hasta la sepultura algunos le podemos dejar solo, en cambio, estos personajes que no son de esa comunidad, tan cercana y tan amigos de Jesús nos muestran hoy que podemos llegar a la fidelidad hasta el final con el maestro, a pesar de que ya todo está muerto, acabado, sin vida.
Hoy podemos aprender de estos auténticos discípulos, esperar en el silencio y contemplar la soledad o la muerte. Muchas veces queremos seguir a Jesús, solo desde la la alegría y la vida, sin embargo, cuando nos toca la muerte u oscuridad, nos da miedo y lo mejor es salir corriendo, estos personajes se quedaron ahí contemplando el dolor, la oscuridad, sin perder la esperanza de la resurrección, que nosotros podamos vivir así nuestra vida de creyentes, manteniéndonos firmes hasta el final.



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