DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo C)

 

Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas.

Monteagudo, 07 de agosto de 2022

 


Las lecturas de este día se centran en la fe y la esperanza, ambos temas junto con la caridad, son fundamentales en nuestra vida cristiana.  Tanto la fe, la esperanza y la caridad, cada vez se van perdiendo en nuestro léxico, y no tanto en nuestro léxico, sino que se van perdiendo en nuestra experiencia fundante con Dios.

En la primera lectura nos damos cuenta de esa certeza de la presencia de Dios con el pueblo elegido, que Dios siempre nos ha acompañado y nos sigue acompañando en este peregrinar.   Por eso el pueblo de Israel siempre supo que Dios fue el que lo liberó de la esclavitud, y esa herencia la hemos recibido nosotros. Es más, es la fe la que nos abre el camino y acompaña nuestros pasos a lo largo de la historia.

 La segunda lectura, nos presenta a nuestro Padre de fe, Abraham, un hombre que siempre fue confiando en el Señor, fue un hombre que se apoyó siempre en Dios y en todo lo que Dios le iba manifestando, él se fiaba de su palabra, siempre puso su confianza en Dios.

La fe es el fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve, dice la carta a los hebreos, pero de verdad que necesitamos esperar, y confiar siempre con esa certeza del actuar de Dios.


En evangelio está cargado de detalles: uno de ellos es no temer, porque el Padre Dios nos ha dado el Reino.   Es una manera de Jesús de decirnos que no tengamos miedo, que confiemos en el Padre, porque siempre quiere lo mejor para sus hijos, que nuestro corazón se aferre a este nuestro Padre Dios.

Otro detalle del evangelio es que nos invita a tener ceñida la cintura y estar vigilantes, esto quiere decir que estemos siempre dispuestos, que siempre estemos preparados para recibir al Señor, que ceñirse la cintura es como estar siempre remangados para estar dispuestos a salir a socorrer y estar preparados a colaborar con Dios.

 Lo que recibimos en el bautismo es un vela o cirio, que nuestro padres y padrinos encienden, ellos son los responsables para que nuestra vela de la fe no se apague, ellos son los responsables si nosotros estamos vigilantes con la vela encendida, y todos debemos estar pendientes de, si nuestros hijos o ahijados están yendo por ese camino de la luz, que es el camino de la fe y la esperanza. 


Que el Día de hoy cada uno de nosotros pueda avivar la fe que recibimos del bautismo que volvamos a encender esa vela para que podamos vivir en la luz y no en las tinieblas, para que podamos estar vigilantes, que cuando venga el Señor nos encuentre bien dispuestos y con la cintura ceñida para que podamos salir al encuentro de Dios y de los hermanos, que tengamos esa capacidad de compartir la fe con nuestros hermanos. Algunas veces recibimos el bautismo y llegamos hasta ahí como un acto social, y no nos damos cuenta que la fe se practica, la fe se proclama a los demás, en realidad nos cuesta hablar y compartir nuestra experiencia de Dios, nuestras inquietudes religiosas, nuestra oración, las motivaciones profundas de nuestras decisiones, nuestras dudas y búsquedas... cuando resulta que la fe cristiana es esencialmente comunitaria.

En definitiva, vivamos la fe con gozo siendo seguidores de Jesús, para que podamos mostrar al mundo de hoy que solo quiere vivir sin Dios, que sí se puede seguir creyendo, esperando y amando.

 

 

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