SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (A)

Un misterio de amorde él, por él y para él son todas las cosas. ¡gloria a él por todos los siglos!” 

31 mayo 2026 


Hoy celebramos la Santísima Trinidad, un misterio de amor que Dios tiene con los hombres.  Al hablar de la Trinidad, inmediatamente reconocemos que es un misterio que trasciende nuestra comprensión. San Agustín, en su búsqueda de Dios, nos enseñó que nuestra razón es limitada y que, aunque intentemos entender a Dios con nuestra inteligencia, siempre habrá un abismo entre nuestra finitud y su infinita grandeza. 

El Dios Uno y Trino no puede ser encerrado en los moldes de nuestro entendimiento.  A lo largo de la historia de la salvación, los teólogos han hecho esfuerzos por acercarse a su esencia, pero hemos de recordar que nuestras reflexiones son solo intentos de aproximación.  Dios, en su majestad, supera toda reflexión teológica, ya que Él abarca todo y se revela como el amor puro.  

A pesar de nuestra incapacidad para comprenderlo plenamente, debemos tener claro que este Dios, que es amor en su naturaleza, toma la iniciativa de acercarse al ser humano.  Es un Dios que se preocupa por nosotros, que ha decidido entrar en una historia de amor con cada uno de nosotros.  Sin embargo, a menudo nos encontramos en la dura cerviz, intentando moldear a Dios a nuestra imagen y semejanza, buscando un Dios que se ajuste a nuestros criterios y caprichos. 


Lo que Dios desea, en su amor infinito, es nuestra salvación.  No necesitamos comprender completamente el dogma de la Santísima Trinidad, sino dejarnos amar por Él. Su deseo de salvarnos es tan grande que se hace presente en nuestras vidas de múltiples maneras.  En este sentido, podemos entender la Trinidad como la manifestación del amor divino: el Padre que crea el mundo para nuestro disfrute, el Hijo que se hace carne para mostrar el camino hacia la vida eterna, y el Espíritu Santo que actúa en nosotros como consuelo y dinamismo. 

San Agustín nos recuerda que debemos nacer de nuevo, del agua y del espíritu, para que este mismo espíritu renueve nuestras vidas y nos lleve a la comunión con ese amor unitario que es la Trinidad.  Como bautizados, hemos sido llamados a participar en esta historia de amor iniciada por Dios.  La Trinidad nos ofrece un modelo de comunidad, y por ello, estamos llamados a vivir en comunión como hermanos, reflejando el amor divino en nuestras vidas. 


Nuestras existencias deben irradiar el amor de Dios, su paz, su unidad, su misericordia y su bondad. Estos son los atributos que hemos reconocido en nuestras reflexiones teológicas sobre Dios.  Al hacerlo, nos asemejamos a Él, quien nos creó a su imagen y semejanza. 

En esta celebración de la Santísima Trinidad, recordemos que nuestro entendimiento puede ser limitado, pero el amor de Dios es ilimitado.  Abramos nuestros corazones para dejarnos amar por Él y para vivir como verdaderos hijos de la Trinidad, en una comunidad unida por el amor. 

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